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domingo, 31 de marzo de 2013

Ora pro golis: antología de futbolistas cristianos


FIFPro, el sindicato mundial de futbolistas profesionales, afirma representar a más de 50.000 personas que se ganan la vida dando patadas a un balón. Wikipedia, por su parte, estima en 2.000 millones la cantidad de humanos que se dicen cristianos. Cruzando datos, no es aventurado suponer que el grupo de población que comparte ambos atributos es bastante numeroso. De hecho, algunos viven su religión con especial fervor, hasta el punto de que ha llegado a interferir con su práctica deportiva. Repasamos varios de los casos más destacados.





Católicos, de rito latino u oriental. Ortodoxos, repartidos en sus 15 “iglesias autocéfalas”. Coptos. Protestantes y evangélicos de cualquiera de sus abundantes ramas, incluyendo (o no, a criterio del lector) a los anglicanos. La bimilenaria historia cristiana, plagada de cismas y concilios, ha dado lugar a incontables tendencias, casi idénticas entre sí en los fundamentos de su credo, pero al parecer suficientemente distintas como para causar siglos de guerras, persecuciones y masacres. Siempre en nombre de un Dios al que todas las denominaciones coinciden en señalar como una todopoderosa fuente de amor, pero que jamás se ha molestado en bajar del Reino de los Cielos no ya para establecer quién tiene razón y poner fin a tanto conflicto, sino para, simplemente, demostrar a toda la humanidad de forma certera e inequívoca su propia existencia.
Si la Divinidad está tan atareada  con sus cosas de dioses que no tiene tiempo de ocuparse de asuntos importantes como aquél, no parece razonable pensar que le preocupe lo más mínimo quién gana o deja de ganar un partido de fútbol. Pero es sabido que razón y fe nunca se han llevado demasiado bien. Por eso, no falta el futbolista creyente que reza al Señor antes de cada partido pidiéndole la victoria y que le agradece si ésta finalmente llega. No hay constancia de que interpreten la derrota como un castigo y prometan penitencia o propósito de enmienda, aunque no sería de extrañar. Ni tampoco se sabe a quién ha de hacer caso el Altísimo si resulta que en ambos equipos hay rezadores pedigüeños; algunos teólogos estiman que fue así como, en Su infinita justicia, decidió inventar el empate, mientras descansaba al séptimo día viendo el partido en la tele.
Brasil, campeón del Cielo
El caso es que si hay que orar, se ora, y para eso, como para tantas otras cosas, no hay nadie como los brasileños. No en vano es el país con mayor número de católicos en todo el mundo (el dato es variable según la fuente que se consulte, pero ninguna baja de los 120 millones). Por eso, no podía ser en otra nación donde surgiera un movimiento como los Atletas de Cristo.
Este grupo rechaza todo vínculo con una denominación eclesiástica organizada y asegura tener las puertas abiertas a cualquier deportista creyente, si bien buena parte de sus componentes se identifican como evangélicos, una comunidad en continuo crecimiento en aquel país. Su objetivo es, precisamente, predicar el Evangelio entre todos los profesionales de la actividad física; según afirman en su web, hace “casi 30 años” existía en la nación un prejuicio negativo por parte de la Iglesia contra el deporte profesional, al que tildaban de “pecaminoso”, porque, al practicarse los domingos, apartaba al fiel de sus obligaciones religiosas.
Contra este mal concepto, varios futbolistas se levantaron y decidieron fundar el movimiento. Entre ellos estaba Baltazar, delantero apodado “Artillero de Dios” que perforó porterías con la camiseta de, entre otros, el Celta de Vigo y el Atlético de Madrid, con el que llegó a proclamarse Pichichi y Bota de Bronce en 1989. El delantero acostumbraba a regalar una Biblia a algún rival antes de cada partido y decía que, para motivarse, pensaba que el mismísimo Señor estaba en la grada, mezclado con la afición, viéndole jugar. El bueno de Baltazar, como casi todo el mundo, tuvo sus enfrentamientos con Jesús Gil, quien llegó a calificarle como “curilla desquiciado por la religión” durante una mala racha anotadora.
Compañero de Baltazar en el vestuario, y en la devoción, era otro brasileño que hizo fortuna en el fútbol español: Donato. Cuatro Copas del Rey, tres Supercopas y una Liga adornan un más que notable palmarés con Atlético de Madrid y Deportivo de la Coruña; méritos más que suficientes como para que, tras nacionalizarse, Clemente contara con él para la Eurocopa de 1996. Pero por lo que este mediocentro reconvertido en central, tan potente como talentoso, será recordado es por su longevidad. Se retiró en 2003 a los 41 años, con el récord aún vigente de goleador más anciano en la historia de la Primera División. Quizás contribuyera a tanta resistencia su estilo de vida tranquilo: en vez de irse de juerga, optaba por dedicar el tiempo libre a leer las Escrituras y a entonar cánticos en el templo.
Falcao, un ejemplo muy conocido de Atleta de CristoLa hermandad es muy popular en Brasil, donde otros muchos futbolistas se han unido a ella. Son Atletas de Cristo nombres ilustres como Kaká (ganado para la causa tras un accidente en una piscina que le rompió una vértebra y casi le deja paralítico), Zé RobertoTaffarelAlemão o Maxwell. Pero el grupo se ha extendido también fuera de su país de origen. Así, el colombiano Radamel Falcao es un miembro destacado; según asegura, se incorporó durante su estancia en River Plate, en Argentina,  cuando una lesión de rodilla le dejó 10 meses parado. En ese tiempo aprovechó paraacercarse a la Iglesia Evangélica de aquel país, a la que hoy debe su fe… y su esposa, a la que conoció en una de las reuniones de la comunidad.
Más allá de los Atletas
Sin que se tenga constancia de que pertenezca a los Atletas de Cristo, también hay un jugador español que destaca por su religiosidad: Juan Carlos Valerón. Uno de los hombres con más talento en los pies que ha dado este país en los últimos 20 años, con todo lo que eso implica, se confiesa cristiano evangélico por herencia: toda su familia se pasó desde el catolicismo a esta otra corriente a raíz de un problema que tuvo uno de sus hermanos. El mago de Arguineguín dedica gran parte de su tiempo fuera del campo a la oración y siempre se ha mostrado dispuesto a mostrar el camino de la fe a cuantos compañeros se hayan interesado. Habiendo pasado por Las Palmas, Mallorca, Atlético y Deportivo, no sería de extrañar que hubiera conseguido más conversos que algunos obispos.
La fe católica romana que abandonaron los Valerón se mantiene en otros muchos futbolistas. Un ejemplo sonado es Javier “Chicharito” Hernández, mexicano que golea en las filas del Manchester United. El delantero es natural de Jalisco, estado que tiene fama de encontrarse entre los más religiosos de la República. Desde muy temprana edad, su abuela le inculcó el amor por Dios a la manera de la Santa Madre Iglesia, de manera tan eficaz que hoy en día es conocido tanto por su buen rendimiento con las camisetas roja de los (paradójicamente) Diablos Rojos y verde de su selección, como por el peculiar ritual que realiza siempre que salta al campo en el once titular: inmediatamente antes de empezar el partido se arrodilla sobre el césped y se abstrae del mundo durante unos segundos, que dedica a la oración. A algunos de sus compañeros, como Rooney, les parece una actitud un tanto ridícula e incluso han intentado que deje de hacerlo, sin mucho éxito. Ni siquiera se amilanó cuando llegó a recibir amenazas de la hinchada protestante del Glasgow Rangers.
En México hizo buena parte de su carrera, pese a ser chileno, Carlos Reinoso. Desde su puesto de lo que al otro lado del charco llaman “volante de creación”, este habilísimo centrocampista fue la gran estrella del Club América en los años ’70, equipo al que posteriormente entrenó en varias etapas y del que todavía está considerado uno de los mayores mitos. Pero Reinoso, de orígenes familiares muy humildes, se vio sobrepasado por la presión social de la fama y el éxito y cayó en una espiral de excesos y adicciones. Por suerte, según cuenta, refugiarse en Cristo le sirvió para dejar atrás esa vida y convertirse en el hombre rehabilitado que es hoy.
Otro que atribuye su recuperación a la fe es el nigeriano Nwankwo Kanu. Niño prodigio de la cantera del Ajax, en 1996, con apenas 20 años, los médicos del Inter, que lo acababa de fichar, le detectaron un fallo en el corazón que le hizo pasar por el quirófano y someterse a largos y complejos tratamientos médicos. Cualquier persona, ante semejante trance, se habría hundido y habría optado por buscarse la vida fuera del fútbol. Kanu, católico, combinó trabajo y rezos para recuperarse, fichar por el Arsenal y ganar allí dos Premier Leagues, dos copas FA y un título individual de mejor jugador de África.
Sobre todas las cosas
El catolicismo es también la religión de Abel Balbo, delantero argentino que hizo carrera en Italia, en las filas de equipos como el Udinese, la Roma, el Parma y la Fiorentina. Precisamente en sus años de blanquinegro fue poco a poco convenciendo a sus compañeros para que acudieran con él a misa; al principio iba él solo, pero con el tiempo logró que le acompañara casi toda la plantilla, y considera mucho más importante que sus goles el hecho de que aun hoy, dos décadas después, bastantes de ellos aún visiten el templo semana tras semana. Por si fuera poco, Balbo fue el organizador de un encuentro, bastante famoso en su momento, entre el Papa y varios futbolistas argentinos (más el uruguayo Fonseca) que militaban en la Serie A allá por 1996.
La doctrina de Roma es un elemento esencial en la vida de Javier Irureta. Futbolista en los años 60 y 70, campeón de la Intercontinental con el Atlético, subcampeón de la UEFA con el Athletic, y míster de prestigio desde los años ’80, ha manifestado en repetidas ocasiones que sus creencias cristianas se remontan a su niñez y se han mantenido firmes desde entonces. Tanto es así que una de sus costumbres se ha hecho célebre: hace que los jugadores del equipo que entrena, antes de saltar al campo, recen en común un padrenuestro. No obstante, afirma que más que sentido religioso, el acto, del que se encarga el capitán, tiene por objetivo crear conciencia de equipo y mantener unidos a los jugadores. De hecho, han participado jugadores de otras confesiones (como el judío Revivo o el musulmán Naybet) sin problema alguno.
Llamativo es el tesón con que viven su fe, sea la que sea, en otra tierra de hombres de fuerte carácter como son los Balcanes. El ejemplo más reciente es el del croata Mateo Kovačić, jovencísimo (19 años) fichaje del Inter de Milán y devoto católico como la mayor parte de sus compatriotas. En su país fue noticia no sólo por sus buenas actuaciones desde su debut en la liga, con 16 años, sino porque durante todo ese tiempo compaginó su puesto en el centro del campo del Dínamo de Zagreb con su labor como monaguillo en su parroquia cada domingo. De hecho, la llamada del Inter le pilló en Bosnia, en plena visita al famosísimo monasterio de Međugorje. También saltó a la fama hace unos años el arrebato místico, en este caso ortodoxo, de Mateja Kežman, ariete trotamundos serbio que manifestó su intención de convertirse en monje tras su retirada. Puede que lo dijera sólo como forma de llamar la atención en un momento en que su carrera estaba en franco declive, ya que las últimas noticias que se tienen de él apuntan a que, en realidad, se dedica a la representación de nuevos talentos.

Cuando la fe no salva
En algunos casos, sin embargo, la devoción ha sido fuente de problemas. Famosísimo es el caso del guardameta argentino Carlos Roa. Vino al Mallorca de la mano de Héctor Cúper, fue en su primer año subcampeón de Copa, al siguiente ganó el Zamora, la Supercopa y llegó a la final de la Recopa, se había consolidado incluso como titular en el arco de la Albiceleste… pero en verano 1999, en lo más alto, con ofertas hasta del Liverpool, decidió dejarlo todo por “motivos religiosos”. Se había convertido en miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, entre cuyos dogmas se incluye la prohibición de cualquier actividad laboral en sábado, lo que resultaba incompatible con su trabajo como futbolista. Apenas nueve meses después se lo pensó mejor y volvió, pero a sus 30 años su mejor momento de forma ya había pasado; el cáncer testicular que sufrió años después terminó de hundir su carrera.


Menos traumática a largo plazo, aunque quizás más en el momento, fue la anécdota que vivió el mediapunta colombiano Juan Pablo Pino al principio de su etapa en el Al-Nassr de Arabia Saudí, allá por octubre de 2011. Pino decidió darse un paseo por un centro comercial de la capital del país, Riad, usando una camiseta sin mangas, debido a las temperaturas elevadas que reinan por aquellas tierras. La prenda dejaba al descubierto sus brazos, en los que tiene diversos tatuajes… incluido el rostro de Jesús de Nazaret. Esto indignó a algunos saudíes que también se encontraban en el comercio, lo que causó la llegada de la policía y la detención del jugador durante unas horas, hasta que el delegado del equipo llegó para aclarar el malentendido. Hoy Juan Pablo ha vuelto a tierra cristiana, concretamente al Olympiacos griego.
Este último caso no es más que un ejemplo extremo de las consecuencias derivadas del exceso de celo en materia religiosa. Por fortuna, en el fútbol los conflictos de fe, demasiado frecuentes en algunas gradas, no suelen trasladarse al césped. No hay que olvidar que Dios, en caso de existir, no tiene colores. Al menos mientras la FIFA no admita en su seno a la selección del Vaticano… 

Fuente: VAVEL

jueves, 23 de agosto de 2012

Medallista olímpico adventista dice que su celebración da cuenta de su fe en Dios


Abel Kirui eleva una oración de gratitud a Dios después de ganar la medalla de plata en la maratón masculino en los Juegos Olímpicos de Londres (Reino Unido). El maratonista adventista de Kenia dice que las competencias le ofrecen la oportunidad de compartir su fe. [fotografía: Associated Press]
De izquierda a derecha, Abel Kirui (Kenia), Stephen Kiprotich (Uganda) y Wilson Kipsang Kiprotich (Kenia) posan con sus medallas obtenidas en el maratón masculino, durante la Ceremonia de Clausura de los Juegos Olímpicos 2012. [fotografía: Associated Press]
Abel Kiuri, un adventista que obtuvo la medalla de plata (derecha) compite con corredores de Uganda y Kenia en el maratón masculino del pasado domingo 12 de agosto. [fotografía: Associated Press]

Aug. 15, 2012
Silver Spring, Maryland, United States
Elizabeth Lechleitner/ANN
Cuando el maratonista adventista Abel Kirui cruza una línea de llegada, se arrodilla e inclina la cabeza, ofreciendo una oración de celebración.
Todo el mundo observó su gesto de gratitud esta semana cuando este keniano de 30 años obtuvo la medalla de plata en el maratón de los Juegos Olímpicos de Londres (Reino Unido).
Kirui es también un ganador consecutivo del Maratón del Campeonato Mundial, obteniendo el evento de 2011 por el margen más grande de todos: dos minutos y 28 segundos. Su récord personal de dos horas, cinco minutos lo coloca en sexto lugar entre la comunidad especial de corredores de larga distancia.
En un deporte en el que los atletas a menudo compiten por ganancia personal o reconocimiento personal, Kirui dice que su motivación se encuentra en dar gloria a Dios.
“Cada carrera es una oportunidad. Le digo a Dios que no importa donde me ponga, voy a compartirlo con otros. Por eso, cada vez que termino una carrera, digo: ‘Gracias, Dios’”, dice Kirui.
Kirui creció en una zona rural de Kenia en lo que él denomina afectivamente un “humilde” hogar con solo uno de sus padres. El maratonista explica que de muy joven aprendió a depender de Dios. Su madre, a quien cita como la influencia espiritual más grande, lo animó a asistir a la iglesia los sábados por la mañana. Hoy día, dice que su hábito de levantarse temprano proviene de ella.
“Recuerdo que ella se levantaba de madrugada para orar que pudiéramos escoger a quién servir en la vida”, dice. “Ahora, cada mañana me levanto muy temprano para orar y pedirle a Dios que me dé fuerzas para correr”.
Cuando era chico, Kirui dice que soñaba con una vida más allá de su aldea.
“Veía pasar los aviones y pensaba: ‘Un día voy a volar’, pero era imposible para mí. Pero entonces me di cuenta de que mi pasaporte al mundo era comenzar a correr”, dice Kirui.
Su primera competencia, sin embargo, no fue muy lejos de su casa. Cuando estaba en la escuela primaria, Kirui salió segundo en una carrera distrital, a solo diez kilómetros de su aldea. Ya de adolescente, recuerda que uno de sus ídolos era el corredor Paul Tergat, quien tenía el récord en maratón.
En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, Kirui vio que Haile Gebrselassie de Etiopía pasó a Tergat en las últimas décimas de segundo en la carrera de diez mil metros. Su otro compatriota, Erick Wainaina, también fue vencido en el maratón masculino.
Poco después, Kirui dice que decidió que había lugar para otro maratonista de Kenia y que usaría esa posibilidad para compartir su fe en Dios.
A pesar de ello, no siempre le resultó fácil correr. Kirui recuerda desmayarse deshidratado antes de la línea de llegada y sufrir lesiones. Dice que una carrera en especial se destaca como ejemplo de una preparación inadecuada. “Me arrastraba hacia la línea de llegada mientras otros corredores me iban pasando”.
Ahora suele entrenarse corriendo hasta mil kilómetros antes de un maratón. Aun así, a menudo dice sufrir dolores, en especial en los últimos cinco kilómetros de la carrera.
“La manera de enfrentar el dolor depende del estado mental. El dolor no es algo que pueda matarte, mientras uno esté sano por dentro. Lo mismo sucede en la vida espiritual”, subraya.
“Le pido a Dios que me dé fuerzas para vencer”.
Hasta el momento, Kirui dice que su carrera no ha interferido con la observancia del sábado. Los maratones suelen llevar a cabo los domingos.
“El sábado voy a la iglesia con mi esposa y mis dos hijos y entonces, el domingo por la mañana, voy a entrenar”, dice. “Y donde sea que compita, llevo mi Biblia, mi folleto de Escuela Sabática y dedico tiempo a orar en mi habitación”.
Kirui también tiene grandes planes para invertir en la infraestructura de la Iglesia Adventista de Kenia. Ya ha ayudado a establecer un nuevo templo, y en el horizonte hay planes de crear una escuela de iglesia y un hospital.
Entretanto, Kirui se está adaptando a la fama que produce obtener medallas en los campeonatos mundiales y los Juegos Olímpicos. “La gente de Nairobi grita: ‘¡Este es Abel Kirui, el que estaba corriendo!’” La primera vez que alguien lo reconoció, dice que se sorprendió muchísimo.
“Pensé que nadie me conocía”.
Sin embargo, ahora Kirui dice sentirse feliz de que todo el mundo siga las carreras. “Quiero que sepan que es el poder de Dios lo que me hace seguir corriendo. Siempre es el poder de Dios”.
con informe de Williams Costa Jr.
Fuente: ANN

martes, 7 de agosto de 2012

Capellán adventista comparte su fe en los Juegos Olímpicos de Londrés



Londrés, Inglaterra... [ASN] Seis días a la semana durante los Juegos Olímpicos, Richard Daly toma el metro hacia el Parque Olímpico del Este de Londres, donde más de cien mil espectadores atestan nueve sedes de los juegos.
Daly, que es pastor adventista, es uno de los sesenta capellanes que colabora como voluntario en el lugar de los juegos. Durante la primera semana de la competencia, ha sido asignado a los medios, junto con otros once capellanes que se turnan para cumplir funciones en la sala de oración del centro de medios.

Mientras camina por el Parque Olímpico, en ocasiones lo detienen, y no solo porque se parezca a un atleta de la competencia. Por lo general, esto se debe a su copiosa colección de pines en el cordón que cuelga de su cuello con sus credenciales.
“¡Cuántos pines!”, le dice un voluntario delante de él a la hora del almuerzo. “Es una colección impresionante”, dice otro. Más tarde, afuera del predio, una mujer grita en medio de una multitud que camina hacia un estadio. “¿No tiene algún pin de Adidas para intercambiar?”, le dice.
Aquí en los Juegos Olímpicos, el intercambio de pines conmemorativos es un serio pasatiempo y ha estado bien documentado por los medios locales e internacionales. Un pin que suele mostrar a los asistentes a los juegos es el que dice “Fe”, el que resulta una buena excusa para iniciar el diálogo.


“Vea este: ¿Ya lo tiene? ¿Es usted una persona de fe?”, le preguntó a una guardia de seguridad antes de invitarla a que piense en visitar la sala de oración.
Desde la entrada del parque de seguridad, a Daly le lleva casi veinte minutos de caminata llegar a la sala de oración, ubicada en “High Street”, un conjunto de cafés, bancos y tiendas de servicio. Para los veinte mil periodistas y fotógrafos que están aquí estas dos semanas, High Street es el centro de compras local ubicado entre el Centro de Transmisiones Internacionales y el Centro Mayor de Prensa.
Un centro religioso entre los periodistas atrae muy pocas personas, aun cuando está ubicado en un lugar estratégico cerca del gimnasio. La mayoría de la gente de medios son personas seculares, dijo Daly, y traban a contrarreloj. Aunque la mayoría no asiste a los cultos, algunos vienen a escribir pedidos de oración en una tarjeta, y más tarde los capellanes oran juntos por ellos.

El martes por la mañana, algunos musulmanes entran y salen a la hora de las oraciones. La sala cuenta con sillas plegadizas, sofás otomanos y dos áreas de oración semiprivadas tras divisores blancos. En la pared se encuentra el logotipo olímpico, con palabras adicionales de inspiración, tales como “determinación”, “valor” y “excelencia”.
Dado que pocos vienen al lugar, Daly va a buscarlos. La mayoría de sus contactos se llevan a cabo en el comedor de prensa donde la gente está más relajada y le cuenta de su vida. Esa es la oportunidad que tiene Daly de afirmar la fe de ellos u ofrecerles una palabra de apoyo, y acaso hasta una introducción al cristianismo. No se permite el proselitismo, pero él puede hablar de su fe con ellos e invitarlos a buscar una vida espiritual más profunda.

La semana próxima trabajará con los atletas. Si esta tarea es similar a la de juegos pasados, él esperará a que los atletas vengan a él en lugar de ir a buscarlos, dijo David Sciarabba, capellán adventista que colaboró en los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín (Italia).
En Italia, Sciarabba se reunía con atletas que venían a orar con los capellanes en el centro interreligioso. En ocasiones, algunos atletas le pidieron que orara para que ganaran, algo que Sciarabba dijo que no hacía, explicándole al atleta: “¿Qué pasa si tu oponente llega cinco minutos después y pide lo mismo?”
Una guardia de seguridad que controlaba la entrada al estudio de transmisión de la NBC dijo: “Hay capellanes en todas partes: en los hospitales, el trabajo, hasta en el cementerio”.

Esto puede deberse a que la Iglesia Anglicana ha asumido como prioridad la provisión de capellanes en los lugares de trabajo. Así lo explica Christopher Jamison, un sacerdote católico que también sirve como capellán en la sala de oración.
Este énfasis en los capellanes también podría ayudar a que se conozca más la denominación. En Gran Bretaña, la Iglesia Adventista es una pequeña minoría poco conocida en muchas regiones. “Los adventistas son desconocidos aquí”, dijo Daly.
“¿Iglesia de la séptima avenida?”, dijo Kaye Wren de Birmingham cuando le preguntó a Daly por su afiliación religiosa, antes de admitir que jamás había oído hablar de la denominación.
En la sede central de la Iglesia Adventista, Gary Councell, director de Ministerios de Capellanía, dijo que los adventistas “tienen que repensar y expandir cómo cumplir con el ministerio más allá de los paradigmas tradicionales. Cuando Jesús estuvo en esta tierra se mezclaba con todo tipo de personas. El ministerio de capellanía es una manera de mezclarse con la comunidad en general, de extener el ministerio más allá de las cuatro paredes de una iglesia”. [Equipo ASN, Ansel Oliver] 



viernes, 20 de julio de 2012

Renuncia a Juegos Olímpicos por guardar el sábado


San José, Costa Rica…... [ASN] “En lo absoluto porque es algo en que no puedo hacerme concesiones”, fue la respuesta que dio a la prensa de su país, al preguntársele si se arrepentía de su decisión. Tracy Joseph, atleta, de nacionalidad Costarricense,  prefirió guardar el Sábado, como día de reposo, antes que participar en los juegos Olímpicos de Londres en los 200 metros, representando a su país, Costa Rica.
Se supo que fue un inesperado adelanto en la fecha y la hora de la prueba, que  hizo que Tracy Joseph renunciara a lo que sería su última opción para buscar su pase en la pista del estadio en los Juegos Olímpicos de Londres. La prueba de Tracy estaba prevista para el domingo por la mañana pero, sorpresivamente, toda la competencia fue adelantada para el sábado.

Al respecto, su entrenador, Emanuel Chanto, comentó: “Una determinación de esta naturaleza (de no competir en Bogotá) no deja de ser frustrante porque uno trabaja para eso. Sin embargo, el que ella no compita los sábado es algo que ya lo habíamos hablado. Es un asunto muy íntimo suyo y en el cual yo no puedo meterme”,  expresó.
Tracy debía bajar en 48 centésimas, su mejor tiempo de 23 segundos y 78 centésimas, para hacer la marca mínima exigida de 23 segundos con 30 centésimas.
Ella, inicialmente, buscaría este registro en el Grand Prix Sudamericano por celebrarse el 30 de junio,  y 1 de julio, en Bogotá, Colombia.

“La noticia del cambio de fecha y horario la supe el domingo en la mañana cuando estaba en Cali, Colombia. Es obvio que este cambio me causó desilusión porque quería buscar la marca. Sin embargo, esta no es la primera vez que no compito un sábado y, pese a ello Dios me ha bendecido con haberme llevado hasta aquí. Estoy segura que Él me tiene preparado mejores cosas”, expresó la muchacha de 24 años.

Dada la renuncia, de Joseph,  distintos medios de comunicación cubrieron la noticia que dio la vuelta al mundo, a través del internet, resaltando el sábado, como día de reposo que guardan los Adventistas del Séptimo Día. Sin duda, un testimonio que fortalecerá la espiritualidad de muchos. [Equipo ASN…Cárolyn Azo]



sábado, 27 de agosto de 2011

Futbolista adventista: La Palabra de Dios reafirma la vida de Vonlanthen


Este testimonio es de gran valor. Un jugador de fútbol más que renuncia la corona de la fama por ser fiel a Dios. Es un ejemplo  para muchas vidas... 

EL DELANTERO SAMARIO se vino de Europa, porque en Itagüí le permiten no jugar los viernes en la noche y los sábados en el día. Habla ocho idiomas y sacrificó la parte económica por el sueño de actuar en su país.

Manuel Saldarriaga | Johan Vonlanthen ha tenido bastante trajín en el fútbol europeo. Pasó por Young Boys y Zurich de Suiza; PSV Eindhoven y Nada Breda de Holanda; Brescia de Italia y Red Bull Salzburg de Austria.
Jaime Herrera Correa | Medellín | Publicado el 28 de agosto de 2011
La única condición que puso Johan Vonlanthen para venirse de Europa fue no jugar ni viernes ni sábado. Y no es por agüero.

La petición, exótica por demás en el medio futbolístico, se debe a que esos días son sagrado para él. Los dedica al ayuno, la oración y el contacto con Dios.

Dejar de ganar el 80 por ciento de lo que recibía en el Red Bull Salzburg de Austria no le preocupaba al samario nacionalizado suizo. Su dolor de cabeza era que le respetaran sus principios para asistir a los cultos de la iglesia Adventista del Séptimo día.

Apoyado en la fe que lo caracteriza, la cultura que -incluso- le permite hablar ocho idiomas, los 13 años de vida en Europa, las múltiples experiencias en las selecciones suizas y el respaldo de las águilas doradas, le permite a este delantero de 25 años afrontar el reto de una nueva vida, bien nueva por cierto.

¿Qué lo motivó dejar Europa por Colombia?"Mi sangre, las ganas de volver a la tierra, la familia y la ilusión de que me vean acá".

¿Fue una decisión fácil?"Para nada, pero ya viví muchas cosas en Europa y era hora de cambiar".

¿Incidió su vida espiritual?"Bastante, porque es bueno estar acá con todos mis hermanos de la iglesia".

¿Fue duro al principio?"A Europa llegué a los 12 años de edad, vivía en el barrio El Parque de Santa Marta. En Suiza tuve que repetir cuarto y quinto de primaria y sexto de bachillerato para adaptarme al nuevo modelo educativo".

¿Cómo llegó allá al profesionalismo?"Empecé en un pueblo de nombre Flamant y cuando tenía 14 años pasé al Young Boys, el mismo equipo en el que jugó Andrés Escobar. Y a los 16 años debuté en la primera división".

¿Y lo de la Selección?"A los 14 años participé en la sub15 de Suiza, luego vinieron las otras categorías hasta la sub21. Jugué un Mundial sub20 y desde los 18 integré la Selección absoluta".

¿Por qué no jugó un Mundial de mayores?"Dos veces estuve cerca, participé en la eliminatoria y siempre apareció una lesión. Por fortuna sí jugué la Eurocopa y en 40 partidos internacionales anoté siete goles".

¿Venirse de Europa a Colombia es devaluarse?"Dejo que la gente hable, pero cada uno toma la decisión más conveniente. Creo que hice la mejor elección, porque donde uno esté feliz y tranquilo eso es sagrado. Es normal que los de acá sueñen con estar en Europa, yo ya estuve, jugué la Eurocopa, eliminatoria, Liga de Campeones muy joven; entonces quería probar la experiencia en Suramérica".

¿No le dio duro sacrificar la parte económica?"La plata no siempre es lo fundamental. No aspiro a tener mucho dinero mientras en la calle hay tanta gente con necesidades. Vivo agradecido con Dios y por eso no me preocupó venir a ganar menos".

¿Por qué Itagüí en vez de un equipo más grande?"Para mí todos los equipos son grandes, la cuestión es mostrar calidad y las cosas llegan. En la cancha es donde se habla y se dice qué clase de jugador eres".

¿Qué le dejó el Viejo Continente?"Me dio cultura, posicionamiento, experiencias y muchas oportunidades profesionales. Hablo ocho idiomas (francés, alemán, inglés, holandés, portugués, italiano, suizo y español). Eso te da una visión diferente de la vida y la capacidad de emprender nuevos retos".

¿Cuál es la más reciente experiencia personal?"Tengo esposa colombiana y un bebé de 11 meses. Estoy aprendiendo a cambiar pañales, me levanto en la madrugada y ya sé hacer teteros".

¿Qué religión profesa?"Soy de la iglesia Adventista del Séptimo día. Creemos fielmente en la Biblia".

¿Cuándo son los cultos?"Los sábados. Y son sagrados. Es el día de reposo y de la comunión con Dios".

¿Por eso no puede jugar viernes y sábados?"No puedo hacerlo entre las 6:00 de la tarde del viernes y las 6:00 de la mañana del domingo".

¿Y así arregló año y medio con Itagüí?"Es que los partidos de los viernes por la noche son muy pocos acá. No creo que haya inconvenientes, es de manejar las cosas con orden, porque yo también dejé de lado mucho dinero para venir a aportar".

¿Cuándo deje el fútbol a qué se dedicará?"Me gusta la parte inmobiliaria. En ese sector invierto mis ahorros con miras al futuro".

¿Lee?"La Biblia y biografías de grandes personajes, como Nelson Mandela. Me intereso por la problemática internacional".

¿Qué le falta por conseguir en el fútbol y en la vida personal?"En la vida busco la paz interna y la tranquilidad familiar. Es lo único que me preocupa por encima del dinero. En el fútbol mi meta será ser campeón en Colombia".

¿Y qué opinión le merece el fútbol colombiano?
"Me parece bueno y tiene respeto en el exterior".
Fuente:http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_palabra_de_dios_reafirma_la_vida_de_vonlanthen/la_palabra_de_dios_reafirma_la_vida_de_vonlanthen.asp

miércoles, 6 de enero de 2010

LA RELIGIÓN, LO PRIMERO


Jordi Massana - 22/12/2009 03:00
"Dios vale más que diez millones de dólares", aseveró el mítico Carlos Roa cuando dejó el fútbol por la religión. El meta llegó a defender la portería de la selección argentina en el Mundial de Francia '98 y allí deslumbró al mundo entero. Uno de los grandes como el Manchester United se interesó por él, pero hizo oídos sordos. Justo en el punto álgido de su carrera profesional abandonó el fútbol por fidelidad a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. El motivo, el precepto de dicha doctrina de no trabajar el sábado. La misma razón por la cual hoy el colombiano nacionalizado suizo Johan Vonlanthen, de 23 años, tiene en vilo a directivos y aficionados del FC Zúrich, su equipo.
El domingo 13 de diciembre el delantero, oriundo de Santa Marta, se marchó hacia esa ciudad de Colombia con su esposa y prometió que volvería "en buena forma para disputar la segunda vuelta" con el Zúrich. A pesar de ello, flota sobre el club suizo la incógnita de si volverá o no. Esperan que siga los pasos de Carlos Roa, quien en el año 2000 desandó el camino y volvió a la práctica del fútbol.
Vonlanthen se ha refugiado en Santa Marta. Allí en verano de 2008 hizo construir una reducida iglesia frente a donde vivía su abuela porque su casa se había quedado pequeña para acoger a sus amigos para ir a rezar. Mientras, el director deportivo del FC Zúrich, Fredy Bickel, es optimista sobre el futuro del futbolista suizo y expresa su confianza de que el volverá a Suiza el 4 de enero.
Más leña al fuego. El pastor adventista zuriqués Herberto Bodenmann asegura que quien quiera integrarse en la Iglesia Adventista debe estar bautizado -Vonlanthen todavía no lo está- y aceptar todas las normas, "particularmente la que señala que no se puede trabajar el sábado".
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