Autor: Gonzalo Pajares
gpajares@peru21.com
Así es. Mis clases en primaria eran en aymara y en español. Ya en el colegio solo fueron en español. Estoy a favor de la educación bilingüe porque si les hablamos solo en español, muchos niños no comprenden todo lo que les decimos. Por eso, para nosotros es muy importante hablar en aymara, para así identificarnos con nuestra cultura. Gracias a que hablo aymara, me siento orgullosa de mi cultura y puedo decir con la frente en alta “soy de los uros”. Si conservamos el idioma, si se lo enseñamos a nuestros niños, nuestra cultura nunca va a desaparecer.
Por el amor que le tengo a mi comunidad. La gente de la ciudad tiene ya la oportunidad de estudiar, lo que no pasa con mi centro poblado. Si nosotros crecemos identificándonos con lo que somos, afianzando el proceso educativo, sé que podremos desarrollarnos.
Así es. Como sabes, si no tienes estudios, la gente no te valora. Por eso me dije: “Voy a estudiar” y, así, título en mano, irme a diferentes instituciones y pedir apoyo para desarrollar a mi centro poblado, que está conformado por más de sesenta pequeñas islas que, juntas, se llaman Tupiri. Vivo en una isla con 20 habitantes: todos somos familia.
Siempre tuve en mente este proyecto. Mi familia me decía: “Cuando termines, ponemos en marcha Sumita Corazón”. Así, desde enero de 2009 me dediqué a visitar a los padres de mi centro poblado, isla por isla, para convencerlos de que enviasen a sus hijos a estudiar conmigo. Pero no teníamos un aula, ni mobiliario, ni materiales de trabajo, solo mi casa. Los uros tenemos casas pequeñas. Entonces, me puse a recolectar materiales, a improvisar el mobiliario. A pesar de estas dificultades, empezamos con 27 niños pues nos sobraba optimismo.
Por amor a mis niños, por el desarrollo de Tupiri. Muchos me dicen: “¿Cómo tienes paciencia para los niños? ¿Por qué trabajas gratis?”. Y hasta me ofrecen trabajo en otros lugares. “No, yo no puedo dejar a mis niños”, les digo. “Pero no te pagan. Has estudiado en vano. ¿Para esto les has hecho gastar a tus padres? ¿Por esto te has sacrificado?”, replican. “Sí, por esto”, les respondo y, al hacerlo, recuerdo a mis niños y sé que he hecho lo correcto. Los quiero, no los puedo dejar.
(Me mira tristemente, como diciéndome “¿acaso no me has entendido?”). Dios provee. Desde que estudiaba siempre oraba porque sabía que Dios no me iba a dejar desamparada. Además, hago artesanía.
Sí, en materiales y en alimentos para los niños. Mi mamá cocina y almorzamos todos juntos. Y allí les doy otra lección a mis niños: el compartir, aunque sea lo poco que tengan. Y están aprendiendo porque, por ejemplo, si uno trae una manzana; otro, un plátano; otro, un pan, ellos mismos me piden que lo dividamos entre los 17 que hoy somos. Nos toca un poquito, pero todos recibimos por igual y, de paso, aprenden a dividir (risas). Esta es mi principal alegría, algo que no podría pagar ningún sueldo.
Sí. Muchos padres están ocupados; otros no tienen bote. En las islas no te puedes mover si no tienes bote. Por eso recojo a los niños y, mientras vamos por los demás, conversamos, cantamos…
Eso es lo que más me alegra: el sentir que los ayudo a salir adelante, pues cuando se van a la escuela ocupan los primeros puestos. Aquí aprenden a dialogar, a compartir, a amar su tierra y sus costumbres. Los preparo para que saquen adelante a Tupiri; que sean doctores, artistas, pero que regresen y aporten a su comunidad, que se sientan orgullosos de lo que son y digan: “Somos aymaras, estoy orgulloso de ser un uro”.















En el marco de la junta plenaria por el programa “Un día de esperanza” de la Unión Peruana del Sur (UPS), La Ministra de la Mujer y de Desarrollo Social del Perú, Dra. Nidia Vílchez se hizo presente en la reunión donde administradores de los diferentes campos e instituciones de la UPS presenciaron su condecoración como “Embajadora de esperanza” y la entrega de libro “Tiempo de Esperanza” por parte del Pastor Samuel Sandoval, Presidente de la UPS. La Ministra de la Mujer aceptó el encargo y desafío de repartir los libros comprometiéndose de esta manera con el programa “Impacto Esperanza”. 











